LA UNICIDAD DE DIOS

         Por: Rigoberto Gómez
Iglesia Pentecostal Unida Hispana, Nicaragua
Iglesia Central, Jinotepe-Carazo.

Cuando a Jesús se le preguntó que cuál es el primer mandamiento de todos, su respuesta fue: “…oye Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor UNO es” (Marcos 12:29). Esto es monoteísmo (creencia en un solo Dios) y para describir esta doctrina utilizamos la palabra UNICIDAD cuyo significado, según el diccionario de la real academia de la lengua española (DRAE), es “cualidad de único”; y para ÚNICO encontramos que significa SOLO y SIN OTRO de su especie, extraordinario, excelente, INDIVISIBLE.

Algunos tratan de explicar la doctrina del Dios único con la palabra UNIDAD; sin embargo, el DRAE define esta palabra como UNIÓN (entre otros significados), es decir, juntar dos o más cosas entre sí, haciendo de ellas un todo; por tal razón es incorrecto utilizarla. La doctrina unitaria calza muy bien en la llamada santísima trinidad ya que, según la definición de esta última (trinidad), son tres personas distintas que forman un solo Dios verdadero; es decir que es el producto de la unión de tres partes (Padre, hijo y Espíritu Santo) para formar un todo (Dios).

Sabemos que nuestro Dios no es una mezcla o unión, “Dios es Espíritu…” (Juan 4:24) él no es persona, él es ÚNICO, INDIVISIBLE, sin otro de su sustancia o esencia como dice 1Timoteo 6:16 “el ÚNICO (del griego monos: solo o solitario) que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible…”, esta es la DOCTRINA DE LA UNICIDAD DE DIOS.
El PADRE

En Génesis 1:2 leemos: “… el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” y si “Dios es Espíritu” y es SANTO podríamos decir que el Espíritu Santo se movía en esas aguas (DIOS MISMO). Cuando Dios habló y dijo “…hágase la luz…” hizo una función de padre ya que engendró por medio de su palabra. Engendrar no solamente es procrear, el DRAE también menciona que es causar, ocasionar y formar; y siendo así Dios es el causante, el ocasionador y formador de todo lo que existe. A él se le conoce como el PADRE en la creación y mientras se movía sobre la faz de las aguas era Dios expresándose para que por medio de la palabra fueran creadas todas las cosas.

Jesucristo le dijo a Nicodemo “si os he dicho cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?”, dicho de otra manera, Jesús está diciendo que usa términos terrenales para explicar los celestiales; por tal razón Dios se atribuye un título terrenal (PADRE) para que podamos entenderlo. Isaías 64:8 dice: “…Jehová, tú eres nuestro padre…”, también salmo 33:6 expresa: “por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca”, esto nos explica la razón por la cual ese Santo Espíritu (Jehová del antiguo testamento), es llamado PADRE; pues “en el principio CREÓ (ENGENDRÓ: CAUSÓ, FORMÓ) Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

EL VERBO

En Juan 1:1 dice: “En el principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios”, el verbo es la palabra de Dios, esa voz que se escuchó en la creación; pero también se nos hace mención de que esa palabra o verbo “era CON Dios”, esta conjunción (con) une y hace énfasis en lo inseparable de Dios y su verbo (palabra).

Por medio de la innovación tecnológica nuestra voz puede ser escuchada en cualquier parte del mundo y nadie puede decir que esa voz tiene una identidad diferente a la de nosotros ya que fluye de nuestro interior, es CON nosotros, es inseparable de nosotros; y aunque sea capturada en un CD u otro medio no podemos decir que es otro ser distinto, por eso Juan expresa, inspirado por el Espíritu, que el verbo (la palabra) “era Dios”.

Juan 1:14 dice: “y aquel VERBO FUE HECHO CARNE, y habitó entre nosotros”, Jesús es el verbo hecho carne; 1 Juan 1:1 lo menciona diciendo: “… lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al verbo de vida (Jesús hecho carne). El Espíritu de Dios (Dios mismo porque “Dios es Espíritu”) habitó dentro de ese cuerpo, así lo declara el apóstol Pablo en 2 Corintios 5:19 “Dios estaba en (dentro de) Cristo reconciliando consigo al mundo”. Se puede decir que hubo una fusión entre la deidad de Dios (su Espíritu) y el verbo hecho carne (su humanidad) ya que no se puede separar a Dios de su verbo o palabra; pues como alguien en cierta ocasión expresó: “la palabra es el vehículo del pensamiento”, y en el pensamiento de Dios, su plan de salvación, estaba el redimirnos manifestándose en un cuerpo a quien el mundo conoció con el nombre de Jesucristo.

DIOS MANIFESTADO EN CARNE

Jesucristo no era otra persona, era Dios en un cuerpo de carne. En Isaías 35:4 se profetizó: “… vuestro Dios viene…Dios mismo vendrá, y os salvará…”, habría señales de su venida tales como: “los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán… el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo…” (v5-6); Jehová del antiguo testamento prometió venir y no enviar a otro. Juan el bautista mandó a preguntarle a Jesús: “¿Eres tú aquel que había de venir (Jehová), o esperaremos a otro?”, siendo la respuesta del señor: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis (hechos y no palabras) los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados (señales profetizadas por Isaías) y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mateo 11:3-5). Con estas palabras Jesús está citando la escritura y afirmando que él es Jehová del antiguo testamento, quien prometió venir y salvar a su pueblo. 1 Timoteo 3:16 dice: “E indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad: DIOS FUE MANIFESTADO EN CARNE”, Dios se dio a conocer (se manifestó) en un cuerpo humano, “por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo…” (Hebreos 2:14). Nuestro Dios “se despojó asimismo”  se su trono, de su gloria “tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”, porque antes de ser humano es Dios (Filipenses 2:7). Pablo dice que “estando en la condición de hombre, se humilló asimismo, haciéndose obediente hasta la muerte…” (Filipenses 2:8), al dejar su condición de Dios se sometió a su propia palabra, humillándose asimismo, al orar asimismo; pues su palabra lo manda al decir: “Tú oyes la oración, A TI VENDRÁ TODA CARNE” (Salmo 65:2) y siendo carne tenía que sujetarse (ser obediente) a lo que estaba escrito.

Jesús tomó el título de Hijo de Dios. La razón por la cual se le otorgaría la manifiesta el ángel Gabriel al decirle a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; POR LO CUAL TAMBIÉN EL SANTO SER QUE NACERÁ, SERÁ LLAMADO HIJO DE DIOS” (Lucas 1:35). Es el poder de su Espíritu (Dios mismo) el que engendra o causa la formación de este ser dentro del vientre de María. Ese ser el verbo (Dios) transformándose en un hombre en cuyo interior emana la esencia de Dios “porque en el habita corporalmente TODA LA PLENITUD DE LA DEIDAD” (Colosenses 2:9). Su gloria es como la del unigénito, es decir, único engendrado o nacido (Juan 1:14), porque es el único con una naturaleza humana y divina. Como hombre sintió hambre (Mateo 4:2), pero como Dios alimentó a multitudes (Mateo 14:21); como hombre se cansaba (Juan 4:6), pero como Dios él nos da el descanso (Mateo 11:28); como hombre tuvo sed (Juan 4:7), pero como Dios él nos da el agua de vida (Juan 4:14); como hombre lloró en la tumba de Lázaro (Juan 11:35), pero como Dios lo resucitó (Juan 11:43-44). Pablo dice: “de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo (naturaleza humana), el cual es Dios (naturaleza Divina) sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amen”; sin embargo, el cuerpo de Jesús deseaba su estado original, pues en Juan 17:5 dice: “…glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”, es decir, el verbo hecho carne (Jesús) quería volver al seno o interior de su esencia la cual es Espíritu porque “Dios es Espíritu” (Juan 4:24).

Cuando Felipe le dijo a Jesús “muéstranos al padre y nos basta”, el señor dejó clara su respuesta al contestar: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? el que me ha visto a mí ha visto al padre; ¿Cómo, pues, dices tú: muéstranos al padre?” (Juan 14:8-9). Se deduce, por la misma palabra, que Jesús es el padre en su Divinidad y que al mismo tiempo es Dios manifestado en carne.

JESÚS ES EL ESPÍRITU SANTO

En Juan 11:39 encontramos lo siguiente: “…aún no había venido el Espíritu Santo, PORQUE JESÚS NO HABÍA SIDO AÚN GLORIFICADO”, hasta que Jesús fuera resucitado podía derramarse el Espíritu Santo, porque Jesús es ese Espíritu. 2 Corintios 3:17 dice: “porque el señor (Jesús) es el Espíritu…”, Tomás llamó a Jesús “Señor mío, y Dios mío” (Juan 20:28) y no fue reprendido por esto, pues, “este ES SEÑOR DE TODOS” (Hechos 10:36). Siendo así, Jesucristo es el Espíritu Santo, él mimo lo expresó en Juan 14:17-18 “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis (conocían a Jesús), porque mora con vosotros (Jesús moraba con ellos), y estará en (dentro de) vosotros. No os dejaré huérfanos (como padre), vendré a vosotros (como Espíritu Santo)”. Con esto entendemos lo que dice Pablo: “…Jesucristo está en (dentro de) vosotros” (2 Corintios 13:5). En 1 Pedro 1:10-11 se nos da a entender que el “Espíritu de Cristo” estaba en los profetas del antiguo testamento. Jesucristo es ese Espíritu que se movía sobre la faz de las aguas, se hizo carne y mora dentro de nosotros.

EL NOMBRE DE JESÚS

La Biblia declara que Jesús, en su humanidad,  es “un poco menor que los ángeles” (Hebreos 2:7); pero también, en su humanidad, es mayor que ellos por “cuanto heredó un más excelente nombre que ellos” (Hebreos 1:4), Jesús como hombre heredó el nombre de lo Divino (Su Espíritu).Estaba profetizado: “…mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente” , Jehová del antiguo testamento daría a conocer su nombre, él mismo lo haría porque su palabra dice “estaré presente”. Jesucristo cumplió con esto al decir: “He manifestado (dado a conocer) tu nombre a los hombres…” (Juan 17:6) y lo vuelve a declarar en el versículo 26: “…les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún”. Jesucristo afirmó no traer su propio nombre al decir: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en SU PROPIO NOMBRE, a ése recibiréis”; sin embargo, los religiosos de aquel tiempo lo rechazaron y decían a los apóstoles “que no hablasen en el nombre de Jesús” (Hechos 5:40), “ni enseñasen en el nombre de Jesús” (Hechos 4:18).  Hoy nos damos cuenta que el nombre de Jesucristo es un nombre “sobre todo nombre” (Filipenses 2:9) y que “no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12) porque “la piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo” (Hechos 4:11) y nosotros lo hemos recibido le conocemos y declaramos que “ES DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS, bendito por los siglos. Amen (Romanos 9:5).