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UNA NUEVA VISIÓN


Por: Alba Gamboa
Nuestro principal enfoque es tener una nueva visión en nuestra vida cristiana y en el servicio a Dios. Hay cuatro cosas que son vitales para que podamos alcanzar nuestra meta:


1)      Es importante tener una visión que determine, que oriente, que motive nuestro servicio a Dios. Una visión donde se encuentren todos nuestros esfuerzos, donde se centralicen nuestras inquietudes. Necesitamos tener una visión que genere energía, y no varias que distraigan nuestra atención.
2)      Se requiere que nuestra visión sea audaz, esto es, atrevida, intrépida, desafiante. “Intenta grandes cosas para Dios; espera grandes cosas de Dios”. Nuestros resultados siempre estarán en proporción a la visión que tengamos. Es imposible tener resultados gigantes cuando nuestras visiones son enanas.
3)      Nuestra visión debe de ser nueva, esto es fresca. Al señor Jesucristo no se le puede servir con las experiencias del pasado, ni con los deseos del pasado, ni con los planes del pasado. Así como las misericordias de Dios son nuevas cada mañana, nuestra visión de servicio debe de ser fresca. Siempre debe de haber en nosotros una nueva inquietud, una nueva motivación, una nueva conquista, una nueva realización.
4)      Proverbios 29:18 dice: “Donde no hay visión el pueblo perece”. Nuestro servicio a Dios no puede ser accidental, ni de improviso, o sea “como nos salga”. Los grandes hombres de Dios trabajaron siguiendo directrices divinas y no de acuerdo a arranques del momento. Abraham dejó Ur de los Caldeos y se dirigió a la tierra prometida porque tuvo una visión de Dios (Génesis 12:13). Moisés fue a enfrentar al Faraón de Egipto porque tuvo una visión de Dios con esa instrucción (Éxodo 4:1-5). Isaías ministró al pueblo porque tuvo una visión de parte de Dios que lo comisionaba a dicha tarea (Isaías 6:1-8). Pablo fue a Macedonia porque tuvo la visión de un hombre Macedonio que lo llamaba para que predicara en su país (Hechos 16:9-10).
Cuando hablamos de visión estamos hablando de algo que procede de Dios. Una visión puede ser algo que Dios pone en nuestro corazón sin que necesariamente lo hayamos visto en sueños o tenido en un éxtasis.
El pueblo de Dios debe de tener siempre una sana inquietud de hacer algo para su honra y su gloria; una tarea que le dé sentido a su jornada cristiana.

LA VISIÓN DE DIOS NOS DICE QUIENES SOMOS

Cuando Isaías tuvo la visión de Dios, exclamó: “Hay de mí! Porque soy muerto porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey Jehová de los ejércitos (Isaías 6:5).
Cuando el señor hizo el milagro de la gran pesca, Simón Pedro cayó de rodillas ante él y le dijo “apártate de mí Señor porque soy hombre pecador” (Lucas 5:8). Nadie sabe quién realmente es, a menos que tenga un encuentro personal con Dios. Todo concepto equivocado que tengamos de nosotros mismos se debe a una falta de encuentro con nuestro Dios.

La visión de Dios nos hace descubrir nuestras imperfecciones, nuestros defectos espirituales, nuestras fallas de carácter, nuestras limitaciones. La visión nos muestro donde somos vulnerables y qué áreas de nuestra vida necesitan ser santificadas.

LA VISIÓN DE DIOS SANTIFICA

Cuando Isaías tuvo la visión de Dios, un ángel lo santificó (Isaías 6:6-7). Cuando el Señor llamó a Jeremías, la mano de Jehová lo santificó (Jeremías 1:9). Cuando Moisés tuvo la visión de la zarza, Dios lo santificó (Éxodo 3:4-5).

Los encuentros con Dios siempre son santificadores; nunca dejan a la persona en la misma condición en que se encontraba. Necesitamos un encuentro personal con Dios. No podemos depender de las experiencias que otros tengan de Dios. ¡NECESITAMOS UNA NUEVA VISIÓN!

Fuente: Heraldo Pentecostal, Revista No 80.