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ELEMENTOS NECESARIOS PARA LA BUENA FORMACIÓN DEL HOGAR

Por: Ubolmester Jaramillo
Iglesia Pentecostal Unida Hispana, Inc.

Cierta vez preguntaron a un hombre después de la ceremonia matrimonial: ¿Por qué te has casado? “para ser feliz”, respondió inmediatamente. Parece una respuesta lógica, pero no lo es, ¿por qué? Porque los votos matrimoniales en la ceremonia tienen que ver  por velar por la otra persona y n o por uno mismo. Es decir, el conyugue está haciendo votos de amarla, honrarla, consolarla y protegerla en tiempo de enfermedad  y de salud, en prosperidad y en adversidad, y mantenerse fiel a ella mientras vivan los dos; y ella, a su vez, promete lo mismo. De modo que la respuesta correcta a la pregunta por qué te has casado, es sencillamente, PARA HACER FELIZ A MI CONYUGUE, Y EN LA MEDIDA QUE ELLA SEA FELIZ ME HARÁ FELIZ A MÍ.

El egoísmo (afecto excesivo de alguien para consigo mismo) es agente mortal para todo matrimonio. Una regla bíblica establece lo siguiente: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, asi también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12). Aplicado al matrimonio sería como dijo alguien: “Si quieres un trato de rey en tu hogar, trata a tu esposa como a una reina”.

Los siguientes elementos aplicados con la debida atención permitirá la dicha de la buena formación y felicidad del hogar. Tenga en cuenta amable lector: “APLICADOS CON LA DEBIDA ATENCIÓN”, pues de  nada sirve si únicamente lo sabemos de memoria y podemos hablar bonito de ellos.

1)      Amor

El mundo está seriamente trastornado moral y espiritualmente por las equivocadas interpretaciones que se le han dado al  amor. Generalmente se cree que amor es sexo, pero se puede tener relaciones sexuales con una persona que no se ama.

Casarse con alguien para que nos haga de comer, porque se tiene miedo de dormir solo o sola, por tener asegurada vivienda, vestido y comida, NO ES AMOR. Amor es la negación y entrega de sí mismo a Dios, a una persona o a una causa a la cual hemos hecho objeto de nuestro más preciado sentimiento. El verdadero amor no exige, más bien da. No busca la felicidad en el otro sino que se la brinda; no busca su propio bien sino el del otro.

Quien dice que ama a una persona porque es buena, rica, noble, bonita, apuesta, inteligente, hacendosa, etc., no está brindando amor verdadero, pero está buscando provecho para sí mismo. Cuando se pierde la hermosura, los bienes y comenzarse a notar fallas en la persona que dice amar, se iniciarán las desdichas porque el amor desaparecerá. Se ama a una persona sin tomar en cuenta su aspecto físico, sus bienes o virtudes. Se ama a la persona y nada más. Cuando se ama de verdad no se buscan PORQUES; cuando se ama en verdad, se ama A  PESAR DE (Proverbios 10:12; 15:17), ¿Amas de verdad a tu conyugue?

2)      FE

Una de las definiciones académicas de esta corta palabra es: “Confianza, buen concepto que se tiene de una persona o cosa” (El pequeño Larousse Ilustrado).

                Se entra en un terreno sumamente peligroso cuando los esposos se han perdido la FE (la confianza entre ellos). Fe es creer lo que se dicen, sus promesas, sus votos de fe y a mor, sus aclaraciones en circunstancias difíciles o un tanto confusas.

                Es seriamente lamentable cuando ya han llegado al punto en que no pueden dar crédito a sus palabras. Es indispensable la fe entre los esposos para poder dar claridad a ciertas situaciones difíciles y oscuras. Para esto, hay que cultivar la veracidad, teniendo plena conciencia de la honradez, la honestidad en todo lo que decimos y hacemos. Todo lo contrario mina el bienestar y la paz de los conyugues (Efesios 4:25; 1 Pedro 3:10-12) ¿Amas el hablar la verdad y el hacer lo justo a los ojos de Dios?

3)      PIEDAD

La situación espiritual, o el estado en que se halla nuestra situación con Dios, influye poderosamente en el hogar, crea un ambiente de respeto, confianza y plena seguridad. Quien es íntegro con el señor, será honesto con todos los miembros de su familia (1 Pedro 3:7; 1 Tesalonicenses  4:4-6).

4)      RESPETO

El diccionario aporta sobre esta palabra lo siguiente: “sentimiento que llega a reconocer los derechos, la dignidad, decoro de una persona o cosa y a abstenerse de ofenderlos” (Pequeño Larousse Ilustrado). También puede considerarse como manifestación de cortesía, obediencia, atención.

                Aunque entre los esposos existe un gran acercamiento físico y espiritual, se debe cultivar el respeto mutuo. Dos personas que se ven y se tratan diariamente tienen la peligrosa inclinación a faltarse el respeto. El hombre debe reconocer y respetar el lugar de honor que Dios ha concedido a la mujer como compañera idónea; no tratarla con la indignidad de una esclava que tiene que trabajar y someterse a sus bajos caprichos haciéndola objeto de toda vejación. La mujer del mismo modo debe respetar a su marido ante los demás, ante sus hijos y demás familiares con toda sinceridad, reconociéndolo como cabeza de ella y jefe de su hogar.

                Un matrimonio feliz es consecuencia de fidelidad, respeto y no ponerse las manos encima. Cuando no hay respeto vienen los insultos, los apodos, los empujones y los tan indeseables golpes y desprecios que complican seriamente la estabilidad del hogar. El respeto hace que se conserven sanas distancias para no propiciar choques con lamentables consecuencias, que solo dejan caos y ruina para toda la familia. El respeto mutuo entre los esposos da una firme estabilidad al hogar (Efesios 4:31-32; 5:4; Col 3:8).

5)      SUMISIÓN

“Acción o efecto de someter o someterse. Comportamiento amable y servicial. Obediencia. Contrario, rebelión”.

                San Pablo inicia su amonestación a los casados en la carta a los Efesios 5:21 diciendo: “Someteos unos a otros en el temor de Dios”. Esto no implica que cada uno trate de someterse al otro, doblegándolo a la fuerza a sus caprichosas exigencias. Eso sería violar las leyes del respeto y además suscita grandes dificultades y serios males de difícil  reparación. La parte que se sienta esclavizada tratará por todos los medios de sacudir ese yugo deprimente. La recomendación apostólica es que cada uno, en una acción espontánea y generosa se someta por entero para agradar a aquel que es carne de su carne y hueso de su hueso; que vive para hacerle feliz y con su amor brindarle seguridad y alto honor. Esta no es una exhortación solamente para las esposas; lo es también para los maridos, ya que ninguno es dueño de sí mismo, sino que se pertenecen mutuamente (1 Corintios 7:33: Efesios 5:28-33).

6)      DISCIPLINA

Tiene que ver con el conjunto de leyes o reglamentos que rigen ciertos sistemas en la vida. Sinónimo enseñanza. Sumisión o un reglamento.

Todo pueblo, comunidad u hogar que se sostiene en anarquía, es decir, donde cada uno hace lo que bien o mal le parece, se arruina y se acaba. Los hogares donde la esposa , el marido y los hijos se conducen por los impulsos de sus caprichos mal encaminados, se convierten en un infierno, consecuentemente en un lugar indeseable. Se debe establecer la disciplina en todo, tanto en comidas, salidas, horas de llegada a la casa, labores de los hijos, horario para dormir como para levantarse, lugar para cada cosa en la casa y en la oficina, etc.

Los hijos deben ser instruidos desde pequeñitos a reconocer la autoridad de los padres, de los maestros en la escuela dominical y en la escuela pública, a respetar a las personas mayores y a las leyes del país. Cuando en el hogar la disciplina se aplica desde temprana edad los padres no tendrán que sufrir vergüenza alguna, por el contrario, disfrutarán con mucha alegría la honra de sus hijos (Efesios 6:1-4; Proverbios 10:1; 15:20; 17:21,25; 19:13).

7)      COMPRENSIÓN

“Facultad de comprender. Conocimiento perfecto de una cosa”. La comprensión permite la paz y armonía en el hogar.

Realmente no es asunto fácil casarse con una persona en cierta forma extraña y tener que aguantarle algunos caprichos. Por muy largo que haya sido el noviazgo los conyugues comienzan a conocerse mucho mejor después de haberse casado y ello requiere de una buena dosis de comprensión.

Ahora bien, todo el mundo se queja de que nadie los comprende; eso precisamente es el terrible mal, pues revela una fuerte dosis de egoísmo. Todos reclaman que se les comprenda, pero lo triste es que nadie intenta comprender a los demás. Este elemento tan saludable no se nos ha dado para enfocarlo hacia nosotros mismos, sino hacia los demás, y así podremos conocerles, dándonos de este modo la gratísima oportunidad de servir y ayudar a otros. Cuando esto se aplica en el hogar, se establecen principios fuertes de amor y plena seguridad y felicidad (1Corintios 10:24). ¿TE ESFUERZAS EN COMPRENDER A TU CONYUGUE?

8)      AMABILIDAD

“Calidad de amable, dulzura. Contrario: Brutalidad, aspereza (áspero)”. Muchos confunden la cortesía con la amabilidad. Ésta es una virtud que permite que los demás puedan amarnos. Hay muchos que procuran nuestra amistad, pero nuestra hostilidad y agresividad no permite que ellos se nos acerquen. Nos falta amabilidad, es decir, los demás no pueden amarnos.

En el hogar todos deben ser amables, quiero decir que los demás puedan amarnos, ofreciéndoles la oportunidad mediante nuestra cortesía, sincera amistad y siendo comunicativos. Seamos cordiales con todos, especialmente los nuestros. Una persona de genio y carácter agrio pronto se verá sin amigos, y si tal ambiente reina en el hogar no se podrá disfrutar de paz ni armonía, y por consiguiente no habrá estabilidad ni felicidad en tal hogar (Romanos 12:16; Filipenses 2:3-4). ¿ERES TAN AMABLE Y DULCE QUE FÁCILMENTE PUEDEN ACERCARSE A SU CONYUGUE E HIJOS?

9)      PERDONADOR

Es desastroso convivir con alguien que alberga en su corazón el odio, el rencor y la venganza. Me pregunto si existirá un matrimonio que en toda su existencia no haya tenido un momento de dolor por una ofensa o una falta cometida por uno de ellos. Nunca faltan las ofensas voluntarias o involuntarias entre personas que viven juntas y aún entre las que se brindan un tierno y gran amor. Nunca los errores o faltas pasan a mayores cuando se sabe disculpar, se sabe pedir perdón, y muy importante, se sabe perdonar de verdad, sin guardar rencores ni venganza. Es nobleza del alma saber disimular errores, disculpar faltas y perdonar ofensas. El alma noble cuando perdona, perdona de verdad y sinceridad, no dejando rencores ni amarguras.

                La Biblia establece el perdón “de la manera que Cristo os perdonó” (Colosenses 3:13), porque somos dados a cometer errores. Los únicos que no cometen errores son los ángeles y las bestias, y nosotros ni somos ángeles ni bestias, pero somos seres humanos, y una cualidad humana es cometer errores (Salmo 19:12-14; Mateo 6:14-15).

                Hay que tener valor para reconocer la gravedad de nuestro error, valor para confesarlo con sinceridad sin inculpar a otros, valor para pedir perdón, y valor para arrastrar las consecuencias como cicatrices en nuestra vida; pero sobre todo, además de pedir perdón a Dios y al semejante, tenemos que perdonarnos a nosotros mismos. Muchas personas hay en los manicomios porque jamás tuvieron el valor de perdonarse a sí mismas. ¿TIENES LA VIRTUD DE PERDONAR COMO DIOS PERDONA? (Hebreos 10:17-18).

10)   PULCRITUD

“Calidad de pulcro. Pulcro: Aseado, de aspecto cuidado, esmerado y limpio”.

Este es un elemento que contribuye al bienestar y buena marcha del hogar. Traza un buen ejemplo, despierta simpatía y ejerce atracción. Es muy agradable vivir con una persona de mente sana y cuerpo limpio. El esmero en la limpieza, tanto de su cuerpo como de sus ropas, realiza su personalidad e infunde confianza a quienes lo rodean. El esmero en la pulcritud nunca es desmedido. La Biblia recomienda con gran insistencia que se debe ser limpio, aseado tanto en su persona, como en la casa.

RESUMEN:


Estudiando todos estos puntos a la luz de las sagradas escrituras, hallaremos pleno conocimiento para conducir mucho mejor el hogar y constituirnos en seres agradables a los nuestros. Haremos de nuestros hogares fuentes de reposo, donde se encuentra honra, verdadera y pura amistad y seguridad. Se convierte el hogar en el lugar anhelado por todos, porque allí se haya virtudes que lo hacen sentir a uno la dicha, la felicidad de la vida, la paz y el amor genuino. TODO ESTO DEPENDE.

Tomado del Heraldo Pentecostal.