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EMPAPADOS DE AGRADECIMIENTO


Por: Jorge E. Pino Valenzuela

Mar 14:9 Les aseguro que en cualquier lugar del mundo donde se anuncie la buena noticia, se hablará también de lo que hizo esta mujer, y así será recordada.





No recuerdo un evento en la vida de Jesús que le haya conmovido tanto en lo personal... ¿Será que las muestras de agradecimiento no fueron tan seguidas en su ministerio?, de hecho aún se repiten con muy poca frecuencia. Son muchas las causas que motivan nuestro agradecimiento para con Dios, sin embargo, muy poco expresadas...



Pueden haber sido muchos los motivos que conmovieran al Señor de esta escena, tal vez, una de ellas, es que no siempre recibió el agradecimiento que merecía... ejemplos sobran, recordará conmigo la vez en que diez leprosos fueron sanados y Cristo preguntó, con un dejo de tristeza: “¿y los nueves, donde están?”. Tal vez lo que conmovió al Señor fue la diferencia marcada con aquellos que eran los lideres del pueblo judío que buscaban prenderle y asesinarlo por medio de “algún engaño”*, lo único certero es que este acto le llevó a expresar un memorial, lo que he llamado, el memorial antes del memorial.



A estas alturas usted ya tendrá en su mente la escena, un banquete en honor a Jesús en la casa de uno que había sido sano por la mano milagrosa del Señor, “Simón el que fue leproso”, los invitados eran ejemplos vivos (y cuando digo vivo lo digo con propiedad), Lázaro uno que conoció cara a cara a la muerte, la saludó y la despidió hasta una “nueva oportunidad”. Marta, que como siempre estaba ayudando, María la adoradora. Sin duda, algunos otros invitados estarían sentados a la mesa un cojo que daba ahora daba clases de baile, un mudo que enseñaba canto a los levitas y un sin numero de personas que tenían, como nosotros, suficientes motivos para agradecer.



El relato de esta historia comienza en Batania, conocemos mucho de esta ciudad, sabemos que es la ciudad natal de Lázaro y sus dos hermanas, el lugar favorito del Señor cuando rondaba por Jerusalén, un lugar amigo, cercano. Según Juan* faltaban sólo seis días para la celebración de la Pascua, por lo que Jesús, junto a sus discípulos habían venido a celebrar esa fiesta. Sólo que en esta ocasión había sido invitado a la única cena que se menciona en esta semana antes de la última que tuvo con sus discípulos.



Imagínese el suceso, Simón contando como su nariz volvía a tomar forma, como sus dedos podían tomar objetos una vez más, como pudo volver a abrazar a su mujer y sus niños ya no corrían asustados, mostrando sus brazos limpios de toda marca. Pero fuera de exagerar, todos estarían atentos escuchando como Lázaro relataba como desde la oscuridad escuchó una voz: “¡Lázaro, ven fuera!”... “Fue asombroso - diría Lázaro - todos mirando como caminaba lleno de vendas como una momia”... las risas escuchándose por toda la casa y Maria con sus ojos llenos de lágrimas agradecidas.



Esas lágrimas que tu y yo hemos tenido, cuando mamá se recuperó de ese cáncer que le robaba la alegría, cuando nuestro hijo salió sin ninguna secuela de la operación de alto riesgo, cuando sin saber de donde nos llamaron para ese trabajo que tanto necesitábamos, lagrimas que representan todas las cosas buenas que Dios ha hecho por nosotros y que olvidamos a los días de que han sucedido.



María estaría escuchando atenta, ella sólo tenía oídos para su Amigo, aquel que le había devuelto a su hermano... con una pregunta en su cabeza... ¿Cómo puedo darle gracias?. ¿Cómo decirle a Dios te amo? ¿Cómo hacer algo que sorprenda a Dios? O por lo menos que lo conmueva, después de todo el lo sabe todo... si “Dios sabe”, nos quedamos con esas palabras y justificamos nuestro desagradecimiento por Dios... después de todo, “Dios sabe que lo amo”, “Dios sabe cuan agradecido estoy”, “Dios sabe y no tengo la necesidad de decirlo, ni de expresarlo”...



Pero María quería expresar su agradecimiento, probablemente no tenía mucho talento hablando, pero tuvo una idea, recordó que en su cofre de joyas tenía un tesoro que guardaba para una ocasión especial, tal vez para tiempos de “vacas flacas”, probablemente lo había comprado para cuando su hermano Lázaro estuvo en los valles de “sombra y de muerte”. Se trataba de un vaso de alabastro, que contenía una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio.



El nardo era un ungüento caro, color rojo de rosa, que se importaba desde la lejana India. Era una mezcla de aceite y de perfume líquido que se extraía de una planta poco común. Se usaba corrientemente en la preparación de cadáveres para la sepultura. El ungüento de María estaba guardado en un frasco hecho de alabastro. El alabastro era mármol blanco costoso, que se importaba del oeste de Egipto. Era tan caro que correspondía al sueldo de todo un año de un empleado promedio... imagínese!!!!...



María se dio prisa y sacó del cofre aquel vaso de alabastro... pero todos quedaron con la boca abierta cuando ella quebró el recipiente y lo derramó por todo el cuerpo del Señor... con unas gotas hubiese bastado, muchos ungían a sus invitados con un par de gotas sobre su cabeza, pero ella quebró el baso completo... no se detuvo en su demostración de amor y agradecimiento.



Según Marcos ella ungió su cabeza, según Juan sus pies... podemos concluir entonces que todo su cuerpo fue ungido, desde su cabeza hasta la punta de sus pies. Luego enjugó los pies de Jesús y la casa se llenó del agradable perfume de nardo.



Sólo en ese momento, los estupefactos invitados volvieron a recordar que tenían lenguas y comenzaron a hablar:







“Algunos de los presentes se enojaron, y se dijeron unos a otros: –¿Por qué se ha desperdiciado este perfume? Podía haberse vendido por el equivalente al salario de trescientos días, para ayudar a los pobres. Y criticaban a aquella mujer.” (Mar 14:4-5)







Judas estaba al frente de los disidentes, un denario era la paga de un obrero por un día de trabajo, por lo tanto, el perfume era de los más caros que podían conseguirse por esos días.



Jesús no era dado al derroche, de hecho, a diferencia de los que muchos enseñan hoy, sus orígenes y vida fueron siempre humildes, incluso en oportunidades demostró cuan cuidadoso era con los “recursos”, y se mostró a favor de las limosnas a los pobres, el cuidado con los más desposeídos.



Probablemente los críticos, que pensaron que este acto de amor era un derroche y un desperdicio, también pensaron que Jesús aprobaría la “justa causa de los pobres”, sin embargo, volvieron a quedar con la boca abierta:



Pero Jesús dijo:

–Déjenla; ¿por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo. Pues a los pobres siempre los tendrán entre ustedes, y pueden hacerles bien cuando quieran; pero a mí no siempre me van a tener. Esta mujer ha hecho lo que ha podido: ha perfumado mi cuerpo de antemano para mi entierro.

(Mar 14:6-8)



El Señor les venía anunciando algo ya desde hace tiempo. Él iba a Jerusalén a morir, hasta el momento no lo entendía, probablemente ni siquiera María entendía lo significativo de este acto, para ella sólo significaba una muestra de amor y agradecimiento por aquel que tanto había hecho por ella... Pero Jesús vio nuevamente lo que nuestros ojos humanos no pueden ver. Vio el significado último de las cosas que hacemos. José de Arimatea y Nicodemo no pudieron hacer mucho al enterrarlo, porque se acercaba la fiesta de la Pascua y no podía contaminarse con un cadáver. Las mujeres que prepararon las especias después de la fiesta no alcanzaron a encontrarlo con vida. El Señor sabía que este sería un acto simbolico de su ungimiento para su sepultura.



Es increíble como actos de amor sincero, motivados sólo por agradecimiento pueden llegar a ser tan significativos para la vida de una persona, un abrazo a un niño que no recibe mucho afecto, un beso a una anciana que nunca es visitada, una llamada telefónica a ese hermano que por mucho tiempo no visita la congregación, una visita inesperada al hogar de ese padre que tal vez no hizo bien las cosas, pero que después de todo, si no hubiese estado, yo tampoco estaría. Pequeños actos desde la perspectiva correcta pueden tener efectos impensables. (Te animo a dejar de leer un momento y pienses en esa persona que agradecería tu llamada en este instante... de seguro conmoverás a alguien, alguien que recordará para siempre ese acto).



El Señor concluyó diciendo estas palabras:



Les aseguro que en cualquier lugar del mundo donde se anuncie la buena noticia, se hablará también de lo que hizo esta mujer, y así será recordada.

(Mar 14:9)



Dos cenas, antes de la cruz... ambas con un memorial... “haced esto en memoria de mi” y “esta mujer será recordada”. En todos los lugares donde se conoce del Señor se hacen dos cosas en memorial. La cena del Señor, y la predicación del evangelio, en una se recuerda a nuestro Señor y su sacrificio, y en los pulpitos y en los libros en incontables oportunidades se recuerda el emotivo agradecimiento de esta mujer llamada María, el perfume que ella derramó, no tan solo llenó una casa a tres kilómetros de Jerusalén, sino que también lleno a Jerusalén, a Samaria... y hasta lo último de la tierra.



Son muchas las lecciones que podemos encontrar en estos versos, pero principalmente que aquella extraña especie de seres que aman al Señor estan empapados de agradecimiento. Consideremos algunas de ellas:



a) Quien está empapado de agradecimiento mira el resultado final de sus actos.



Los dos personajes principales en el relato son María y Judas, mire a ambos y vea la reacción frente al derroche hecho por María.



Ambos eran discípulos del Señor, ambos amigos cercanos (incluso a Judas, es al único que el Señor llamó “amigo” de entre sus discípulos). Ambos conversaron con Él y escucharon sus sermones... sin embargo, había un abismo entre ellos dos, uno estaba empapado en agradecimiento, pero el otro no. Por lo tanto, para uno de los dos, el “derroche” fue un acto movido por el amor y el agradecimiento, pero para el otro sólo una exageración.



Ella, a consideración de Judas y otros discípulos (Judas sólo estaba a la cabeza de muchos que opinaban igual), pudo haberse vendido y dado a los pobres... o tal vez, ocuparlo en ella misma, después de todo siempre tenemos “necesidad de algo”, un auto nuevo, una nueva casa, un nuevo traje, etc. ¿Cómo podré darle a otros si yo estoy pasando por periodos de escasez?. Después de todo ¡Debemos ser prudentes!. Efectivamente, ella pudo dejar en el cofre de los tesoros ese frasco de alabastro, pero TODOS hubiésemos perdido... Jesús no hubiera sido ungido, y el mundo entero hubiese carecido de un ejemplo tan significativo de amor y agradecimiento, miles de sermones que han convertido a miles de personas no se hubiesen predicado.



Solo por un breve instante, imagine de cuantas cosas ha privado por no haber hecho caso a su corazón cuando tuvo la oportunidad de ser agradecido y no lo fue.



Piense por un momento en algún acto que le haya llenado de alegría en su vida... cuando alguien, sin razón alguna hizo algo por usted, tengo por seguro que no fue un “acto racional”, no fue un meditado, no fue hecho con una calculadora en mano, ni visto bajo la “lupa del presupuesto”. Con lagrimas en los ojos dijimos “no tenías que molestarte” o “¿Por qué lo hiciste?. Muchos hemos quebrado nuestro vaso de alabastro alguna vez, por nuestros hijos para enviarlos a ese colegio o a la universidad, pese a que nuestro cinturón se apretó más de la cuenta. O esa vez que comenzamos a construir en la Iglesia y la alfombramos, muchos quebramos nuestro vaso de alabastro pese al “riesgo” para nuestros presupuestos... sin embargo, este sólo acto de amor y agradecimiento para nuestro Señor, ha significado que los santos hayan sido bendecidos con un hermoso lugar donde reunirse cada domingo.





b) Quien NO está empapado de agradecimiento mira sólo desperdicio.



Los que no entienden el agradecimiento que hay en los actos de derroche, sólo ven excesos... no tienen capacidad para entender el presente que representa ese derroche. Tengo casos muy cercanos que me han dicho “acaso no hay límites”. Y precisamente no los hay, cuando alguien está agradecido y ama sinceramente no hay limites, incluso aquellos que estamos empapados en agradecimiento para con nuestro Salvador sabemos que aunque económicamente nuestros actos parecen excesos, es muy poco comparados con lo que queremos demostrarle a nuestro Señor, quien hizo actos de derroche mayores, su vida fue derramada y aún el perfume alcanza a cubrir nuestro olor a huesos secos... ¡¡¡¿Cómo no hacer lo imposible para agradecer a nuestro Dios su eterno amor?!!!



Juan profundiza en las intenciones de aquellos que ven en el derroche un exceso o desperdicio.



Entonces Judas Iscariote, que era aquel de los discípulos que iba a traicionar a Jesús, dijo: – ¿Por qué no se ha vendido este perfume por el equivalente al salario de trescientos días, para ayudar a los pobres? Pero Judas no dijo esto porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa del dinero, robaba de lo que echaban en ella. (Joh 12:4-6)



Podemos presentar muchas excusas para no actuar de esta forma, pero por lo general sólo estan motivadas por intereses egoístas. No es que todos los que todos los que critican estos actos tengan la misma intención que Judas, a quien NO le interesaba realmente lo que sucedería con los pobres, pero aún así, muchas veces se piensa que estos actos son sin duda un exceso, sin considerar que Dios se merece eso, y mucho más.



A quienes no tienen un profundo amor y agradecimiento por el Señor, siempre la obra de Dios y los actos de agradecimiento para con su Iglesia, sus siervos y los hermanos en general parecerán excesivos e insensatos. No así para los adoradores agradecidos.



c) Quien está empapado de agradecimiento no perderá su oportunidad de agradecer.



¿Te has arrepentido por no haber hecho algo en el momento adecuado?. Jesús no tuvo otra oportunidad para ser ungido. ¿Qué hubiese pasado si María hubiera reconsiderado su acto de agradecimiento? ¿Y que si hubiese consultado primero con sus hermanos? ¿O aún teniendo un pensamiento a futuro hubiese esperado en “otro momento más privado”?. Piense por un momento en María, frente a la cruz y pensando “¿Por qué?” ¿Por qué no lo hice cuando pude? ¿Por qué dejé esperar hasta este momento cuando ya no se puede hacer nada? ¿Por qué no le dije cuanto le quería en vida? ¿Por qué no le abracé cuando tuve la oportunidad?



Es muy posible que tengamos un vaso de alabastro en nuestro cofre del tesoro guardado para alguien, y que por esperar “el momento apropiado” nunca podamos quebrarlo.



Piense nuevamente, y sólo por un segundo antes de dar vuelta la página... ¿Qué de nuestro vaso si se queda en el cofre hasta que el Señor vuelva y aún esté guardado para ese “momento especial”?... le aseguro que su valor ya no será el mismo, ¡¡quiébrelo ahora!!.



Alguien dijo alguna vez que el amor jamás calcula cuanto es lo menos que puede dar y aún continuar siendo amable en apariencia, el único deseo del amor y del agradecimiento es dar hasta los límites más lejanos y que aún cuando dio de esa manera, piensa que el presente aún fue demasiado pequeño...



y que así puedan comprender con todo el pueblo santo cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo. Pido, pues, que conozcan ese amor, que es mucho más grande que todo cuanto podemos conocer, para que lleguen a colmarse de la plenitud total de Dios.

(Efesios 3:18-19)

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