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¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE UN ANILLO DE OREJA A UN ANILLO DE DEDO?



Por: Hernán Silguero
Vuestro Atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón… que es de gran estima delante de Dios” (1 Pedro3:3-4).
Bueno yo no sé cómo lo juzgue usted, pero a la luz de la escritura, anillo es anillo, en español le llamamos arete al de la oreja pero en inglés todo es anillo earring or ring. Y si no está malo usarlo en el dedo, pues por qué entonces prohíben ciertos cristianos usarlo en la oreja, o en la ceja, nariz, etc., pero nosotros no lo usamos en ninguna parte del cuerpo porque donde quiera que lo uses está mal. 1 Timoteo 2:9 “Asímismo también las mujeres, ataviándose en habito honesto, con vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, u oro o perlas, o vestidos costosos”.
Nuestro hermano Timoteo menciona cuatro cosas: Peinado ostentoso, oro, perlas, o vestidos costosos, si notamos bien los textos de Pablo y Pedro que menciono se refiere a adornos, no a cualquier metal que se tenga que usar en el cuerpo por necesidad, ejemplo: una calza en la muela. El mensaje no es solo para la mujer cristiana, pues el oro se usaba mucho para adornarse, especialmente la mujer en aquellos días.
Podemos notar en las sagradas escrituras que Pablo nunca menciona el anillo cuando habla del matrimonio, el uso de éste comenzó como consecuencia de los votos hechos en la Iglesia Católica Romana; pero gracias al señor que ahora son muchos los que él ha llamado por su gracia, de sus imágenes, vanidades, religiosidad y apariencia de piedad. Y todavía su voz se deja oír: “…Salid de ella, pueblo mío, que no seáis partícipes de sus pecados…” (Apocalípsis 18:4).
Más tarde el anillo se usó como una decoración en la nariz, las orejas, los dedos de los pies por parte de personas paganas y hoy ya vemos que el mundo regresa a esos adornos paganos poniéndose anillos hasta en la lengua ¿Será éste un adorno para el creyente en Cristo?.
Una vez vino una joven que quería bautizarse y traía su mano llena de anillos en todos sus dedos, yo le pregunté por qué tanto anillo en sus manos, ella dijo: todos tienen un significado para mí, uno era de graduación, otro aniversario, tres de compromisos y tres de matrimonios, ¿cómo así?, le pregunté ¿tres de matrimonio? Sí, me dijo; me he casado tres veces, y todos tienen un recuerdo para mí; pero después de mostrarle escrituras y hablarle que necesitábamos tener otra imagen diferente a la del mundo, por supuesto le hablé del nuevo nacimiento. Algunos dicen bueno eso son convicciones, pero usted no tendrá convicción si no lo enseña y lo muestra por la palabra, jamás he condenado al que las usa, pero sí lo enseño que el adorno del cristiano no es el externo como lo usa el mundo, nosotros tenemos un adorno interno del Espíritu de Dios.
“Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición; que cada uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de oro, porque eran Ismaelitas) (Jueces 8:24) ¿Notamos con claridad? Traían zarcillos de oro porque eran Ismaelitas. Los Ismaelitas eran bien conocidos por el mucho oro que usaban. Recuerde que Ismael no era el hijo de la promesa, no era el hijo de la verdadera esposa. El problema en la casa de Abraham fue de tal magnitud que Dios tuvo que decirle a Abraham que echara a la esclava con su hijo.
Esto no es otra cosa que un tipo de la carne contra el Espíritu. El hijo de la esclava se burlaba de todo lo que hacía Isaac. Ambos tenían el mismo padre (Abram), pero diferente madre; Agar era la madre de Ismael, ella era de Egipto, lo cual hace de Ismael parte del mundo. De modo que el hijo de la esclava tuvo que salir a fin de que el hijo de la libre tuviera libertad.
En Gálatas 4:22-29 encontramos una hermosa ilustración sobre el particular y debemos de prestarle la importancia del caso. Estas dos mujeres representan los dos pactos; uno viene del monte Sinaí, la cual es Agar y da hijos para esclavitud. Así que, todos aquellos que les gusta el adorno con oro o perlas; tales como los anillos que hoy vemos en la gente, claro que son hijos de la esclava, pero nosotros somos hijos de la promesa, de la libre.
Sí, es cierto que algunos dicen recibir el Espíritu Santo y siguen iguales, eso no es excusa, los carismáticos también lo reciben, pero amado hermano ellos no tienen la plenitud de la verdad y siguen siendo hijos de la esclava y poco o nada les da separarse de las cosas del mundo, sus costumbres, su religiosidad. Ese espíritu de Ismael debe salir de nosotros, de nuestras iglesias, de nuestras familias si con toda certidumbre somos hijos de la libre (Gálatas 4:26-31).
El espíritu de Ismael es el mismo espíritu de prendas y zarcillos; el espíritu de Babilonia, pues allí se originó el uso de las joyas como medio de ostentación.
Apocalipsis 17:4-5 nos habla de una mujer vestida de púrpura y escarlata y adornada de piedras preciosas y perlas, pero mira con cuidado la abominación con la cual ella está conectada: “…teniendo un cáliz de oro en su mano lleno de abominaciones y de la suciedad de su fornicación”. El origen de todo aquello que ha arrastrado a la humanidad al egocentrismo, el orgullo, la vanidad de inmoralidad no es otra cosa que BABILONIA LA GRANDE, comenzó en forma muy veloz, con el espíritu de Ismael.
En los textos que encabezan este artículo, Pedro y Pablo exhortan a que el atavío externo no sea con oro, perlas, cabellos rizados o vestidos costosos. Todo esto está en una categoría de la carne y no del espíritu.
De la antigua Babilonio vino la falsa religión, el sacrificio al diablo, el paganismo, astrología, el invocar a los muertos y muchas cosas más que se han venido infiltrando en las religiones y sistema de vida de los seres humanos. Mis queridos hermanos tengamos celo de Dios y no dejemos que el espíritu de Ismael se filtre en la iglesia.
El pecado original fue rebelión; Lucifer quiso ser más grande que el altísimo, rebelión se formó en su corazón y por eso Dios lo destronó del cielo. Este espíritu de rebelión comenzó a trabajar en Ismael y continúa hasta el día de hoy (Gálatas 4:29).
Que los mundanos compren y usen toda clase de alhajas es cosa que no debe perturbar la tranquilidad del cristiano, pues ya entendemos que esas cosas no son para los hijos de Dios.
Génesis 35:1-5 nos menciona lo que podríamos llamar un avivamiento en los días de Jacob, pues leemos: “…y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob”. ¿Qué ocurrió? Jacob decidió convertirse a Dios de todo corazón, quitó los dioses ajenos, mudó los vestidos y todos a una se quitaron los zarcillos que estaban en sus orejas; cuando todo el pueblo tomó tan grande decisión, experimentaron el poder de Dios a favor de ellos.

Tomado del Heraldo Pentecostal, edición N0 74