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¿QUE ENSEÑA LA BIBLIA SOBRE LA PREDESTINACION?

Por: Hernán Silguero

Iglesia Pentecostal Unida Hispana Inc.

En primer lugar, considero que es  muy importante definir lo que se entiende por predestinación. Según el diccionario, la predestinación es la ordenación de la voluntad divina con que Dios tiene elegidos a quienes por medio de su gracia han de lograr la gloria.

En la teología Cristiana, predestinación es la enseñanza en la que el eterno destino de una persona viene predeterminado por la inalterable ley de Dios. Dicho en otras palabras, la predestinación es creer que el destino gobierna nuestro paradero final.

Según la creencia de muchos, desde que una persona nace su destino final ya está decidido por Dios. Sin importar lo que la persona haga en su vida, ya es condenado eternamente o ya esta salvo.

Ahora preguntémonos, ¿De qué servirá predicar el evangelio a las almas perdidas si esta enseñanza fuera verdadera? ¿No creen que estaríamos perdiendo el tiempo en evangelizar? ¿Para qué esforzarnos en mantener la salvación si al final el hombre ya está predestinado a ser salvo o perdido?

El apóstol Pablo tuvo una experiencia muy particular que nos puede iluminar acerca de este tema. En 2 Corintios 12:2-4 Pablo escribió: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar”, de acuerdo con este pasaje, el apóstol tuvo el privilegio de visitar la oficina central del universo y darse cuenta de cosas muy maravillosas.

Ahora te pregunto: ¿Qué haría usted si tuviera ese mismo privilegio? Supongamos que usted tenga la oportunidad de revisar los libros de registros que Dios tiene en su despacho, repentinamente usted encuentra su nombre en uno de los libros con la siguiente observación: PREDESTINADO A PERDERSE. ¿Qué haría usted al regresar a la tierra? ¿Seguiría yendo a la iglesia? ¿Seguiría sirviendo fielmente a Dios? Creo que eso sería algo realmente fatal; pero quiero decirte estimado amigo, ¡Gracias a Dios que esa no es la clase de predestinación que enseña  la Biblia!.

            La versión Reina Valera de la Biblia (Revisión 1995), usa palabras relacionadas con la predestinación por lo menos cinco veces. Romanos 8:29-30 dice: “A los que antes conoció, también los PREDESTINÓ para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que PREDESTINÓ, a estos también llamó…”. En 1 Corintios 2:7 leemos: “Pero hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que          Dios PREDESTINÓ antes de los siglos para nuestra gloria”. Finalmente encontramos en Efesios 1:5-11 las siguientes palabras: “Dios… por su amor, NOS PREDESTINÓ para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad… En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido PREDESTINADOS conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”.
            En la epístola de Pablo a los Efesios, él nos habla de una iglesia predestinada para salvación, aquí no se refiere a una predestinación individual. En el libro de Romanos se menciona una predestinación para ser perfeccionados. Nos habla como hijos, pero tampoco es algo individual. En Corintios nos habla de la sabiduría que se predestinó para nuestra gloria.
            La providencia de la salvación es una iniciativa de Dios. A través de las escrituras podemos ver claramente que Dios no fuerza a nadie para que se salve. Muy por el contrario, él dice: “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Dios tampoco pudo predestinar a nadie para que se pierda, pues el deseo de Dios es que todos sean salvos, “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). No olvidemos que Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34).

Es cierto que la Biblia enseña que hay dos lugares para pasar la eternidad, el cielo y el infierno, pero es usted el que elige su destino final. Mateo 25:34-41 nos dice lo siguiente: “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi padre, heredad el reino preparados para vosotros desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme. Entonces los justos me responderán diciendo: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos, o desnudo y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? Respondiendo el Rey les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”. Notemos que dice “el fuego preparado para el diablo y sus ángeles”, no para nosotros. El plan de Dios es que “todo aquel que en él crea no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

Dios creó la raza humana con el único propósito de que todos fueran sus hijos y que vivieran para siempre. Desde este punto de vista, los seres humanos estamos “predestinados para ser hijos de Dios”. Cuando este propósito se vio afectado por la entrada del pecado, Dios tomó la iniciativa de la salvación del hombre; sin embargo, aunque Dios nos proveyó de un plan para salvarnos, es nuestro deber preocuparnos de esa salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12).
Gracias a Dios que ningún ser humano está predestinado para perdición. El deseo más grande de Dios es que todos sean salvos. De esa manera es que se manifiesta el gran amor de Dios (Juan 3:16). El señor quiere que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento (2Pedro 3:9).

Tomado del Heraldo Pentecostal, Año 23, revista # 81, Octubre 2004 a Marzo 2005 Houston, TX, Estados Unidos.