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LA UNCIÓN DEL SANTO ESPÍRITU DE DIOS

Por: Rigoberto Gómez López

1 Juan 2:20 “Pero vosotros tenéis la unción del Santo…”

En el antiguo testamento, cuando alguien era escogido para ser rey, profeta o sacerdote, era ungido o untado con aceite (1Reyes 19:6; Éxodo 28:41). Siendo esta la forma para separar o apartar a alguien para un servicio exclusivo a Dios, era alguien dedicado solamente para Dios y desempeñar el oficio para el cual había sido elegido. Es el “…buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras” (Salmo 133:2), como una forma de investir de poder y autoridad.

La escritura nos dice, hablando del viejo pacto, “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas…” (Hebreos 10:1), “…todo lo cual es sombra de lo que ha de venir” (Colosenses 2:17), es decir, que era una figura de la realidad espiritual futura. 

En el nuevo pacto, somos llamados para ser “…linaje ESCOGIDO, real SACERDOCIO, nación santa, pueblo adquirido por Dios…” (1 Pedro 2:9), “…Y nos hizo REYES Y SACERDOTES…” (Apocalipsis 1:6), pero para ser parte de este pueblo necesitamos LA UNCIÓN DEL SANTO. 

La palabra unción viene del griego Crisma (χρίσμα), se emplea en un sentido metafórico como metonimia del Espíritu Santo. Metonimia es designar una cosa con el nombre de otra, en este caso, la unción por el Espíritu Santo.

Al comparar 1Juan 2:27 donde dice:"... la unción misma os enseña todas las cosas..." con Juan 14:26 "...el Espíritu Santo...  os enseñará todas las cosas...", nos damos cuenta también como la palabra unción es usada en el mismo sentido que el Espíritu Santo.


Por lo antes expuesto, no se puede pertenecer al pueblo de Dios, como reyes y sacerdotes, si no hemos recibido la unción o llenura del Espíritu Santo; pues solamente así, Dios nos podría llamar “…MIS UNGIDOS…” (Salmo 105:15), así que “…Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su padre; a él sea la gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén” (Apocalipsis 1:6-7).

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