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LA REDENCIÓN DEL CUERPO (CUERPO GLORIFICADO)


Por: Rigoberto Gómez

“…nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, LA REDENCIÓN DE NUESTRO CUERPO” (Romanos 8:23)

Cuando se habla de la redención del cuerpo nos referimos a que “…todos seremos transformados” (1Corintios 15:51). Si estamos muertos seremos resucitados y si estamos vivos seremos arrebatados (1 Tesalonicenses 4:16-17), pero en ambos casos seremos transformados. Esta es la esperanza de la iglesia por lo cual el apóstol Pablo dice “…alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1Tesalonicenses 4:18).

Nuestro cuerpo es esa “…morada terrestre, este tabernáculo…” (2 Corintios 5:1), pero también se nos dice que “…gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial” (2Corintios 5:2); y Pablo sigue diciendo: “…los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (v4). El apóstol nos declara su deseo de dejar este cuerpo terrenal para ser revestido de uno celestial mediante una transformación.

EL CUERPO DE JESÚS

En la fiesta de los tabernáculos se nos dice que “…Jesús no había sido aún glorificado” (Juan 7:37), dando a entender que al resucitar sería transformado y tendría un cuerpo glorificado, pues “…el Cristo había de padecer, y ser EL PRIMERO DE LA RESURRCCIÓN de los muertos…” (Hechos 26:23). 

El cuerpo de Jesús no vio corrupción (Hechos 13:35,37), su cuerpo no se descompuso. De igual forma “…su alma no fue dejada en el Hades…” (Hechos 2:31), es decir, que la separación de su cuerpo físico fue por poco tiempo ya que “…era imposible que fuese retenido…” (v24) siendo glorificado en la resurrección al tercer día de su muerte.

El cuerpo de Jesús, después de la resurrección podía ser tocado pues a Tomás le dijo: “…pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27).

También Jesús dejo bien claro que seguía manifestándose en un cuerpo físico, pero glorificado o transformado al decir: “…porque un espíritu no tiene carne ni hueso, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39). Recordemos que todavía Jesús debe venir a reinar por mil años a la tierra y lo hará con ese cuerpo resucitado. 

Jesús se mostró con un cuerpo físico pero cambiado, incluso se puede decir que fue liberado de algunas limitaciones o leyes a las cuales estamos sujetos. Por ejemplo, Jesús apareció a sus discípulos estando las puertas cerradas (Juan 20:19; Lucas 24:36). En Lucas 24:18-31 desapareció repentinamente. Tenía la capacidad de comer (v41-43), sin embargo no quiere decir que necesitaba hacerlo. Jesús se mostraba en un cuerpo físico pero no como el de antes de la resurrección. El cuerpo de Jesús fue glorificado y ya no tiene las mismas limitaciones de la humanidad.

En Colosenses 2:9 se nos dice que “…en él habita CORPORALMENTE toda la plenitud de la Deidad”, en tiempo presente ya que el cuerpo de Jesús glorificado contiene toda la plenitud de Dios.

LA REDENCIÓN DE NUESTRO CUERPO

Lo expuesto anteriormente es importante porque la escritura nos dice que Jesucristo “…transformará el cuerpo de la humillación nuestra, PARA QUE SEA SEMEJANTE AL CUERPO DE LA GLORIA SUYA…” (Filipenses 3:21), y “…sabemos que cuando él se manifieste, SEREMOS SEMEJANTES A ÉL…” (1Juan 3:2).

Si morimos hay una separación momentánea del cuerpo, pero en la resurrección nuestros cuerpos transformados pasan a ser nuestra morada celestial de la cual habló el apóstol Pablo (2Corintios 5:2). Por tal razón, cuando la Biblia dice que “…la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios…” (1 Corintios 15:50) nunca se refiere a que nuestro cuerpo no hereda el reino de Dios, mas bien quiere decir que “…es necesario que esto corruptible, se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (v53). También es importante entender que “…No todos dormiremos, pero todos seremos transformados” (1Corintios 15:51), pues en el arrebatamiento también ocurre la transformación de nuestro cuerpo.

En este cuerpo glorificado vendrá la iglesia a reinar con Cristo mil años a la tierra y será un cuerpo físico visible pero transformado. La escritura dice que seremos como los ángeles (Mateo 22:30).


FUIMOS SELLADOS PARA EL DÍA DE LA REDENCIÓN

La palabra de Dios es clara al decir “Y si EL ESPÍRITU de aquel que levantó de los muertos a Jesús MORA EN VOSOTROS, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús VIVIFICARÁ VUESTROS CUERPOS MORTALES POR SU ESPÍRITU QUE MORA EN VOSOTROS” (Romanos 8:11). El Espíritu Santo es el que vivificará o transformará nuestro cuerpo mortal, por lo tanto, el apóstol Pablo nos dice: “…no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados PARA EL DÍA DE LA REDENCIÓN” (Efesios 4:30)