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TENTACIÓN Y PRUEBA

Por: Rigoberto Gómez 

Santiago 1:12 “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”

Según el diccionario Vine, tentación viene del griego peirasmos (πειρασμός) y se utiliza en dos sentidos: 1) Pruebas con un propósito y efecto beneficioso, 2) pruebas o tentaciones permitidas o enviadas por Dios. También la Biblia dice que al soportar la tentación hemos resistido la prueba, es decir, que la tentación viene a ser una forma de prueba para nuestra vida. 

La escritura nos enseña en Zacarías 13:9 que tenemos que ser probados al decir: “…los probaré como se prueba el oro…”; sin embargo, es importante mencionar que, a pesar de que toda tentación es una forma de prueba, las tentaciones nunca son provocadas por Dios pues “…Dios no puede ser tentado por el mal, NI ÉL TIENTA A NADIE”, y si Dios no tienta a nadie ¿Por qué decimos que nos prueba? Hay una pequeña diferencia entre ser probado y ser tentado.

LA TENTACIÓN

La tentación nace en nosotros en nuestro interior producto de nuestras debilidades, “…cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Santiago 1:14). La palabra concupiscencia viene del griego epithumia (ἐπιθυμία) y denota un intenso deseo, es decir, que son nuestros propios deseos que nos llevan a ser atraídos, seducidos, tentados. 

Un ejemplo de lo mencionado anteriormente es el caso de David con Betsabé: 2Sa 11:2 “Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa”, David miró y deseó a Betsabé, fue su propia concupiscencia lo que empezó a atraerlo y seducirlo, por tal razón, “…la tomó; y vino a él, y él durmió con ella…” (v4), entonces “…la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado…” (Santiago 1:15).

LA PRUEBA

Todos conocemos la historia de como Dios permite a Satanás probar a Job, de tal manera que podemos afirmar que muchas veces nuestro adversario está presto a probar que realmente podemos fallar a Dios (Job 2:1-6).

Deuteronomio 8: 2 dice: “y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos”, dando a entender que Dios también nos pone a prueba con dos propósitos: 1) Para saber lo que hay en nuestro corazón 2) Para ver si guardamos o no sus mandamientos.

Israel renegó muchas veces en el desierto, a tal punto que desearon volver a Egipto porque en la prueba hay coacción, preocupación, desesperación y estrés, y lo que hay dentro de nosotros se da a conocer, pero en la prueba Dios quiere mostrarte sus maravillas como lo hizo con Israel en el desierto.

Dios dejó a las otras naciones “para probar con ellas a Israel…” (Jueces 2:22), es decir, tenemos que ser probados por el mundo porque Dios dice: “…los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro…” (Zacarías 13:9).

LA PRUEBA DEBE SACAR LO MEJOR DE NOSOSTROS

La escritura dice que “…probó Dios a Abraham…” (Génesis 22:1) y todos conocemos la historia, pero esta situación sacó lo mejor de Abraham, y su fe se mantuvo por encima de las circunstancias. Abraham pensó “…Dios se proveerá de cordero para el holocausto...” Génesis 22:8) ya que su hijo le preguntaba “… ¿Dónde está el cordero para el holocausto?...” (v7); sin embargo, hubo un momento en el cual llegó a pensar lo peor, es decir, en que Dios permitiría que matara a su hijo. Lo más impresionante de la fe de Abraham es que, a pesar de que su hijo muriera, su fe era que Dios lo podía resucitar y levantar de entre los muertos. 

Lo expuesto anteriormente, el apóstol Pablo lo expresa de la siguiente manera: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos…” (Hebreos 11:17-19). Así que la prueba puede sacar lo peor o lo mejor de nosotros, pero si lo mejor de nosotros sale de nuestro corazón entonces veremos las maravillas de Dios.