ORIGEN DE HALLOWEEN

Por: Rigoberto Gómez López

Efesios 5: 11 “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino mas bien reprendedlas”

La escritura nos dice “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” (Oseas 4:12), por lo que necesitamos instruirnos en la palabra y también investigar sobre ciertas prácticas cuyo inicio tiene un origen pagano y, que al participar en ellas, nos pueden involucrar en las obras infructuosas de las tinieblas.

Halloween tiene su origen en los Celtas, un pueblo guerrero que habitaba en zonas de Irlanda, Inglaterra, Escocia y Francia. Entre ellos había una sociedad sacerdotal pagana llamada “Los Druidas”, quienes eran politeístas cuyo dios predominante era samhain o dios de la muerte, a quien se ofrecían sacrificios de animales y seres humanos.

Se cree que los Celtas celebraran la fiesta del samhain entre el 5 y 7 de noviembre, pues coincide con la mitad del equinoccio de otoño y el solsticio de invierno; sin embargo, otros consideran que se celebraba la noche del 31 de octubre al 01 de noviembre.

Los druidas celebraban la víspera del año nuevo Celta el 31 de octubre de cada año, en honor a su dios samhain. Era un momento en el cual se creía que los espíritus de los muertos volvían para visitar sus hogares, es decir, que se conectaba el mundo de los vivos con el mundo de los muertos. Los druidas, a manera de médiums, se comunicaban con sus antepasados (espíritus), quienes visitaban a los vivos buscando alimentos, razón por la cual, los sacerdotes, exigían alimentos y en algunos casos niños y vírgenes para ofrenda a su dios de la muerte (samhain). Si se ofrendaba a los espíritus se hacía un trato (treat) y se iban en paz, de lo contrario, se lanzaba una maldición sobre la familia, siendo esta la trampa o treta (trick), es decir, Trick-Or-Treat, Treta o Trato.

Cuando los Romanos conquistaron los territorios de los Celtas, introdujeron, en la festividad de los druidas, la invocación de Pomona (diosa romana de los árboles frutales). Los druidas llevaban con ellos un nabo grande ahuecado en el interior con una cara tallada representando el espíritu del que recibían el poder y conocimiento. Ponían carbón ardiente en el nabo para iluminar el camino a sus familiares difuntos y darles la bienvenida. 

Al llegar esta práctica a Norteamérica por medio de los Irlandeses, sustituyeron los nabos por calabazas. Desde ese momento se le llamó Jack, el que vive en la linterna, después pasó a ser “Jack-O-Lantern” o Linterna de Jack. Éste último, era un borracho que castigado por el diablo tuvo que vagar por siempre en el mundo de los vivos con una braza que le iluminaba el camino y que introdujo en un nabo. Se decía que era un espíritu malvado que deambulaba la noche del 31 de octubre pidiendo un truco o trato (en inglés "Trick-or-treat"). Se suponía que era mejor hacer un trato, es decir, hacer un pacto con este espíritu porque si no, este espíritu, usaría sus poderes para hacer un truco el cual consistía en maldecir la casa y sus habitante.

El papa Gregorio III (en el año 741 d.C) estableció el primero de noviembre como el día de todos los santo (antes de esto se celebraba en el mes de mayo). En el año 998, San Odilón, añadió la celebración del 2 de noviembre como fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo cual se le llamó fiesta de los “fieles difuntos”, conocida como día de los muertos. 

Día de todos los santos en inglés es “All Hallows' Day”, por lo que a la víspera o noche anterior se le llamó "All Hallows' Eve" que terminó por convertirse en «All Hallow Een» hasta lo que conocemos hoy «Halloween», celebrada el 31 de octubre. Halloween o día de samhain, sigue siendo celebrado por los satanistas, ocultistas y adoradores del diablo. Es de conocimiento de muchos que la iglesia satánica asume como suya esta fiesta. 

Halloween se celebra en Estados Unidos, donde ha tenido mucha fuerza por la publicidad en cines y series de televisión, pero también se ha extendido a muchos países por lo cual debemos estar atentos pues la palabra de Dios nos dice: “…Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz” (Romanos 13:12)