LA NECESIDAD DEL PODER DE LO ALTO (Por: Pastor Felipe Chicas)

Por: Felipe Chicas

"He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto" (Lucas 24:49)

Este estudio tratra sobre la verdadera razón, del por qué Jesús insistió tanto a sus discípulos en la promesa del Espíritu Santo. 

A veces creemos que el Espíritu Santo es para brincar, danzar,… o creemos que fue dado para que la iglesia se extendiera y hubiera señales y maravillas… pero no, la razón principal del Espíritu Santo fue por causa de la naturaleza del ser humano. No fue dado para impresionar a otros. Fue dado para cambiarnos a nosotros. 

Esto explica el por qué Jesús, los apóstoles y las iglesias de teología pentecostal, siempre han insistido tanto en que el creyente debe ser lleno del Espíritu Santo – Hechos 8:14, 15; 19:2. La verdad es que si deseamos ser verdaderamente cristianos obedientes a los mandamientos de Cristo, necesitamos el Espíritu Santo

¿Por Qué?


Porque solo con la ayuda del Espíritu Santo nosotros podemos vencer la naturaleza pecaminosa que heredamos de Adán – el hombre natural – para convertirnos en un hombre espiritual, celestial, conforme a Cristo.

Descripción que la Biblia da del hombre natural

Isaías 1:5-6 “¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite”


Romanos 1:29-31 “estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia” Todos estamos representados aquí.

Santiago 3:6-9 “Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios”

1 Juan 1:8, 9 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”

Estos pasajes describen detalladamente la clase de naturaleza pecaminosa de que estamos revestidos, cuando estamos sin Cristo. En otras palabras: El pecado, la maldad hace que el hombre sea el más débil de toda la creación. Nos creemos tan fuertes, pero muchas veces sucumbimos ante la peor locura.

Con razón al hombre le toma un tercio de la extensión normal de su vida, antes de alcanzar la madures (26-30 años aprox.). Y es a los 45 años que uno verdaderamente comprende y valoriza la vida.

Por naturaleza el hombre lleva en el corazón elementos malignos que le arrastran y le seducen. A su alrededor hay mil influencias que luchan por descarriarle, debido a la debilidad moral que hay en él.

A veces nos preguntamos:

• ¿Por qué tanto deslices espirituales?

• ¿Por qué tantos cristianos luchan con debilidades?

• ¿Por qué tanto cristianos carnales?

• ¿Por qué tanto pecado en la iglesia?


Respuestas:

Porque mientras no entendamos, como creyentes, la importancia del Espíritu Santo en nuestras vidas, no tanto en la iglesia en general, sino en nuestras vidas personales.


• Nunca podremos vivir una vida cristiana en plenitud.

• Nunca podremos producir los frutos de una vida cristiana.

• Nunca podremos obedecer los mandamientos del Señor.

• Nunca podremos vencer la naturaleza pecaminosa.

• Nunca podremos vivir una vida en santidad.

• Nunca podremos crecer espiritualmente – pasaremos toda nuestra vida en la

iglesia y seguiremos siendo niños espirituales, requiriendo de leche…

Con razón Jesús le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar el reino de Dios” (Juan 3:5)

Y por eso también les dijo a los discípulos: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49)

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